
Sí señor, Oscar Fingal O’Flahertie Wills Wilde, no Oscar Wilde como lo llaman algunos incautos, ha sido desde el primer momento en que posé la vista sobre uno de sus libros, hace lo suyo, mi principal referente literario y filosófico. Desde mi más temprana juventud, y tras haber acabado con El crimen de Lord Arthur Saville y otras historias y El retrato de Dorian Gray, algunos dicen que comencé a comportarme de forma cínica, que empecé a hablar de temas que no me correspondían (como el amor, la belleza o la crisis de la sociedad humana) con un extraño conocimiento de las mismas, impropio para alguien de mi edad (aún lo siguen diciendo, en su banalidad) e incluso mi ya notable disposición para el humor pareció acrecentarse. Dicen las malas lenguas que aprendí a hablar inglés sólo para leer a Wilde en versión original. Cosa que desmiento. No obstante, cabe preguntarse porqué inmediatamente después de haber tenido conocimiento de sus obras en inglés, comencé a hablar este idioma tan fluidamente como si realmente hubiera nacido en Reino Unido. Fruto de mis primeras relaciones con la lengua inglesa puramente hablando nació mi interés por Chesterton, Arthur Machen, Conan Doyle (a quien no soporto en lengua castellana, mal rayo parta al traductor), Poe, y tantos otros escritores que irán desfilando por la sección literaria del blog, y que son susceptibles de cambio mediante cualquier tipo de comentario o sugerencia.
Así pues, ¿por cuál debería empezar?
Supongo que una breve reflexión sobre Wilde, ya que he empezado por él, sería lo correcto.
Para los pocos que no le conozcan, Oscar Fingal… bueno, Wilde nació en Dublín, de pare cirujano y madre escritora, en el año de 1854 poco puede decirse de su infancia: su padre era un filántropo y su madre se encargó de su educación hasta los nueve años en la más absoluta felicidad. Posteriormente realizó estudios en diversos colegios como el Trinity College de Dublín, pero su reconocimiento académico llegó al ingresar en el Magdalen College de Oxford entre 1874 y 1878. Durante su estancia en Oxford, su carácter se fue fraguando hasta derivar en lo que acabaría siendo su forma de ser, antecesora del dandismo: Wilde comenzó a llevar el pelo largo y lacio, a desdeñar los deportes masculinos y a pasearse por la universidad con pantalones de montar de terciopelo. Asimismo, en su cuarto, que aún se conserva, guardaba una colección de porcelana erótica y arte, que le valieron el desprecio por parte de sus compañeros. Tras ganar el premio Newdigate de poesía por Ravenna, Wilde realizó una serie de viajes por Italia y Grecia, dada su pasión por los textos en griego clásico, idioma que ya dominaba a la perfección. Tras graduarse como Bachelor of Arts con la mayor nota posible, Wilde ya era reconocido por su labor poética en los círculos literarios británicos. Tras ofrecer una serie de conferencias en Estados Unidos (habiendo dicho en la aduana que no tenía nada que declarar, salvo su genio) sobre la filosofía estética, sujeto que nos ocupa en este blog, nació la concepción del “arte por el arte”. Después, en El retratro de Dorian Gray, Wilde escribiría que "All art is quite useless", "todo arte es más bien inútil", dando origen a toda una nueva filosofía a la hora de ver el arte. A nadie criticó Wilde en este ámbito como a los críticos de arte, valga la redundancia. El arte, tal y como nos quiere dar a entender, no posee un significado o intención más allá que la e ser arte. La finalidad del artista es crear cosas bellas. La finalidad del arte es mostrar la beleza, y no al artista. Asimismo, y esto último es lo más relevante para vosotros, si vais a permanecer en este blog por más tiempo, y así lo espero, el arte es la ventana capaz de conducirnos a nuevos mundos que nos han sido negados.
Y como el arte debe revelarse a través del artista, y ocultarle a él, así fue como Wilde intentó vivir, imitando el arte a cada paso que daba. Aunque claro, un pisaverde de su categoría no estaba preparado para pasar precisamente desapercibido.
En 1884 contrajo matrimonio con Constance Lloyd, que habría de darle a sus hijos Cyril y Vyvyan, si bien Wilde ya era consciente (según algunos historiadores) de su bisexualidad. Sus colecciones de cuentos: El príncipe feliz (publicado para sus hijos) y El crimen de Lord Arthur Saville, se publicaron en esta década de su vida, junto con El retrato de Dorian Gray (1891), su única novela, pero tan cargada de ingenio punzante y crítica a la hipocresía contemporánea como el resto de su producción. Pero de sus oras literarias hablaré, con la excusa del tiempo y el tamaño del post, en otro momento.. La historia del maestro se vio truncada en 1895, tras el estreno de La importancia de llamarse Ernesto, cuando su relación homosexual con Lord Alfed Douglas (Bosie) fue descubierta por el padre de éste, el marqués de Queensberry (inventor de las reglas del boxeo moderno). Wilde cometió la audacia de llevar a juicio al de Queensberry por haber dudado de su honor, pero sus propios abogados abandonaron el barco y el proceso se volvió conra él. Acusado de sodomía, fue condenado a dos años de trabajos forzados en la cárcel de Reading, que le destrozaron espiritual y físicamente. Acabada su codena en 1898, se exilió a París bajo el seudónimo de Sebastián Melmoth, en donde moriría, convertido al catolicismo por un sacerdote irlandés, completamente desengañado de la vida y la sociedad.
A loa largo de las posteriores entregas de la galería del blog, he de introducir extractos de la obra de Wilde, reflexiones filosóficas y diversos escritos de su autoría. Pero porahora, me veo forzado a despedir la conexión, feliz por haber inaugurado la sección de personajes literarios del blog y por lo que me queda por delante.
Espero que me sigan con interés.
Buenas y victorianas noches.
Edward Blunt.

Interesante, aunque prefiero la pintura de Arcimboldo a la literatura de Wilde.
ResponderEliminarCreo que es un gran cínico, aun mejor transgresor, pero un escritor que puede llegar a aburrir si no se toman las medidas necesarias a la hora de abordar sus obras...
Buenas noches.
Lo cierto es que la personalidad de Wilde puede resultar muy chocante, sí, y más aún si la relacionamos con la época en que vivió. Probablemente lo que a ti te aburra (con todo el buen criterio del mundo) sea la frivolidad o el desencanto de sus obras. No obstante a mí (es cosa de gustos) me resultaba necesario sacar a Wilde a colación por algunas de sus líneas acerca del arte, porque su literatura me parece ingeniosa, y por si algún navegante por ahí no lo conoce, que pueda interesarse por él.
ResponderEliminarPero como digo es cuestión de gustos, lo cierto es que todo autor puede aburrirnos si no lo leemos en el momento adecuado o con la mente abierta. No obstante si te sintieras incómodo en algún momento por el contenido del blog, no dudes en decírmelo.
Un saludo.